
jueves, 29 de abril de 2010
Un país descuadernado

domingo, 18 de abril de 2010
Una habitación propia (y con vista)

martes, 13 de abril de 2010
Tulipanes marchitos

Hace cinco años una ola de manifestaciones sacudió los cimientos autoritarios, corruptos, y opresivos de varios Estados del espacio post-soviético, en los que el despotismo de la antigua URSS pareció conservarse intacto contra todo pronóstico, e incluso refinarse, luego de su disolución en 1991.
Una rápida asociación se estableció entonces entre los levantamientos populares de Ucrania, Georgia y Kirguistán, y la experiencia checoslovaca de la Revolución de Terciopelo. Se habló de lo ocurrido en éstos países como Revolución Naranja, Revolución de las Rosas, y Revolución de los Tulipanes —respectivamente—, con la esperanza de que a semejanza de los acontecimientos de 1989 en Checoslovaquia, allanaran el camino a una transición pacífica hacia la democracia y el libre mercado, con lo que ello implicaba, forzosamente, de emancipación definitiva: tanto del pasado comunista como de la perenne tutela moscovita.
¿Qué queda de todas estas expectativas? La imprudencia y la temeridad de Saakashvili condujeron, el verano de 2008, al desmembramiento de Georgia; y Osetia y Abjasia son hoy heridas abiertas que aún nadie acierta cómo —ni Rusia deja— restañar. En Ucrania el fraudulento candidato que aquella revolución depuso, Yanukóvich, fue proclamado vencedor de los comicios de enero pasado —para gusto de Rusia. Y en Kirguistán, el presidente Bakiev acaba de correr la misma suerte de su denostado predecesor, Akaiev, cuyo régimen monocrático y vertical acabó prácticamente replicando, para ser sustituido por un gobierno que Rusia considera —ahora sí— de “confianza popular”.
martes, 6 de abril de 2010
Lecciones suicidas

Los recientes atentados terroristas perpetrados en Moscú y sus réplicas casi inmediatas reiteran varias lecciones que líderes políticos, estrategas y operadores de seguridad deberían haber aprendido hace tiempo, y que no pueden seguir ignorando, si realmente aspiran a tener éxito en la lucha global contra el terrorismo:
(1) Las respuestas puramente militares son insuficientes, y a veces, contraproducentes, tal como lo demuestran la experiencia norteamericana en Afganistán y la rusa en Chechenia. El del terrorismo, a pesar de la tendencia que tienen sus manifestaciones contemporáneas a adoptar una lógica de guerra, no es en esencia un problema militar.
(2) Existen varios tipos de terroristas suicidas: algunos están impulsados por el fanatismo religioso, otros por el nacionalismo radical, otros son forzados y explotados por sus comunidades y por los grupos terroristas que operan en ellas, y otros, finalmente, actúan motivados por una pulsión personal de venganza. Cada tipo representa un problema distinto y exige una estrategia de contención específica.
(3) El terrorismo contemporáneo es un fenómeno complejo e interconectado, de raíces profundas y larga duración. Lo ocurrido tiene que ver con la represión sovieto-comunista en Asia Central, la invasión a Afganistán en 1979, la respuesta manu militari al separatismo checheno, y la anúteba universal de Al Qaeda, tanto como con la ira de las viudas negras, la radicalización de los jóvenes en el Cáucaso y la vulnerabilidad del metro moscovita.
El catálogo es largo. Pero para empezar, una reflexión sobre estas tres le haría mucho bien a los rusos, antes de que se repitan los errores del pasado. +++
jueves, 1 de abril de 2010
El START-azo
