lunes, 16 de marzo de 2009

De regreso a la Otan



Por fin Francia ha decidido volver plenamente al redil de la Otan.  Así concluye la crónica de un retorno anunciado desde 1996, cuando el presidente Chirac lo insinuó, por primera vez, ante el Congreso de los Estados Unidos.

Aquel intento fracasó.  El de entonces era, al menos transitoriamente, un mundo unipolar de aparente primacía norteamericana.  El tipo de orden mundial del que tanto recelaba De Gaulle, y de cara al cual convirtió a Francia en potencia nuclear, al tiempo que la retiraba de la estructura militar y de comando de la alianza transatlántica que él mismo había contribuido a fundar.

Ahora en cambio las cosas son distintas.  Las prioridades de Washington ya no determinan, por sí solas, la agenda de la alianza, y a medida que los europeos afirman su autonomía —por ejemplo en temas como su rol en Afganistán y la ampliación hacia el espacio postsoviético—, ésta podría acabar convertida en el eje articulador de una "seguridad europea à la manière d'Europe", mientras "PESC" y "PESD" siguen siendo simples rótulos en las carpetas de Bruselas.

¿Cómo podría el Elíseo quedarse al margen de semejante proceso?  En la próxima cumbre de Estrasburgo-Kelh, sin incurrir en excesivos costos, la presencia francesa se hará sentir con más fuerza.  De ahí en adelante, en llave con Berlín, París intervendrá activamente en la reconfiguración de una institución sexagenaria en la que quizá resida a largo plazo, y para sorpresa de muchos, la solución al nudo gordiano de la integración europea en materia de seguridad y defensa.  +++

3 comentarios:

Unknown dijo...

He tenido la oportunidad de leer asiduamente todas las columnas, pero solo hasta hoy, he tenido el aliento suficiente (o mejor el atrevimiento) para comentar uno.

El regreso de Francia a la OTAN, era una deuda desde hace muchos años por la política exterior francesa; no solo porque Francia fue uno de los miembros fundadores de la OTAN, sino porque en la realidad material, ha participado activamente en sus operaciones militares.

No obstante creo que el “nudo gordiano” de seguridad tiene gran parte de su entramado en el espacio transatlántico , creo que uno de los grandes obstáculos al regreso de Francia era el antiamericanismo que ha proliferado en la sociedad política francesa (son estos grupos los que hoy cuestionan la decisión de Sarkozy) que de alguna manera fue el fundamento de De Gaulle para el retiro de Francia (la sombra de De Gaulle es el barómetro de todos los posteriores presidentes franceses, Sarkozy ha sostenido frente a la nueva decisión, nadie sabe que hubiese hecho De Gaulle hoy).
Sin tener en cuenta las simpatías de Sarkozy hacía Estados Unidos y la importancia del regreso con miras hacia la renovación del Tratado de no proliferación nuclear en 2010 (como el fortalecimiento de la política asociada de Alemania y Francia, que además fue una de las premisas de la plataforma del gaullismo), es un aporte mundial a la seguridad, además de ser una decisión “sensata y de reconocimiento histórico” hacía la política de Estados Unidos.
O es que como lo manifestó (manifestación todavía vigente) Dean Rusk secretario de Estado a la sazón, cuando De Gaulle en 1966 le solicita a Johnson el retiro las tropas norteamericanas de París (que era donde esta el cuartel general de la OTAN que después pasaría a Bruselas) ¿también quieren que nos llevemos a nuestros soldados enterrados en los cementerios de Normandía?
(Me disculpan la extensión del comentario)

Andrés MOLANO-ROJAS dijo...

Gracias por animarse a comentar, y gracias por ser un juicioso (y muy paciente) lector.

Muy acertadas sus observaciones. La anécdota de Rusk me parece "políticamente encantadora".

Unknown dijo...

Esto aunque completamente cierto podría sin embargo tener otra lectura. Personalmente encuentro en la nueva salida francesa un retroceso en la configuración de una corporeidad de seguridad con otras nociones y directrices diferentes a las de la OTAN. Francia durante todo este tiempo le apostó más al concepto de seguridad humana (incluso de dentro de su agenda de política exterior) por el cual sus intervenciones en la escena internacional se circunscribieron en procurar el mejoramiento de los andamiajes socio económicos que ocasionaban los potenciales problemas de seguridad en una determinada región.

Al volver de nuevo a las huestes de la tradicional alianza de seguridad, sus otrora intereses como potencia europea en política de seguridad internacional pueden verse abocados a su fin o en el mejor de los casos a un sustancial cambio producto de un consenso en el Washington tomará parte activa.