martes, 24 de marzo de 2009

Reingeniería, no rearme



¿Cómo interpretar las declaraciones del presidente ruso Dmitri Medvedev ante la plana mayor de su Ministerio de Defensa la semana pasada, sobre la necesidad de modernizar las fuerzas militares para "elevar cualitativamente su capacidad de combate"?

Esa pregunta debe estar circulando por los pasillos de varios despachos gubernamentales alrededor del mundo.  Y para contestarla, quizá más de un experto se sienta tentado a evocar viejos fantasmas (como el de la carrera armamentista, o el de una “nueva Guerra Fría”).  A fin de cuentas, Medvedev no ha pasado por alto el hecho de que la Otan “no ha cejado en su empeño para instalar infraestructura militar cerca de nuestras fronteras”, y el de la capacidad nuclear es uno de los puntales de su plan de modernización.

Sin embargo, visto en detalle, lo que Medvedev sugiere es, más que un rearme, una intensa obra de reingeniería.  El ejército ruso es inmenso, costoso, corrupto y en muchos aspectos obsoleto.  La guerra de Georgia, el verano pasado, puso en evidencia su anquilosamiento y retraso.  La reforma militar es una tarea pendiente desde la época de Yeltsin, y hoy por hoy, es también una necesidad:  no sólo para la aspiración rusa de recuperar plenamente, en la retórica y el músculo, su dignidad y rol de gran potencia; sino también, y paradójicamente, para el resto del mundo, que no puede darse el lujo de tener un paquidermo militar —tan enorme como torpe y potencialmente irascible e incontinente— deambulando por la cristalería en plena época de convulsiones.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encantó la idea de un paquidermo irascible e incontinente!

Juan Sebastián Leiva dijo...

Yo creería que para el resto del mundo, o mejor, para Occidente lo más importante es una estabilidad política. Sin ella, la reforma militar podría representar un mayor peligro para Occidente si ese nuevo ejército cae en manos indebidas.