viernes, 27 de agosto de 2010

El triunfo del pragmatismo


Más allá de los resultados concretos que en el corto y mediano plazo se deriven del encuentro de los presidentes Santos y Chávez en Santa Marta, el primer gran logro del nuevo gobierno en materia de política exterior es haberle dado un viraje radical al enfoque y la estrategia que la administración Uribe impuso a las relaciones internacionales de Colombia durante los últimos años.

Este viraje implica pasar de una lectura dogmática, maniquea e ideologizada de la política internacional a una visión esencialmente pragmática, racional y flexible (y en consecuencia, mucho más resiliente y adaptativa). Este nuevo enfoque, por ejemplo, reconoce que Chávez es el que es y que no dejará de serlo, así como tampoco su proyecto de revolución bolivariana, expansivo por naturaleza. Pero ante el hecho irremediable de la vecindad colombo-venezolana, no renuncia a encontrar una fórmula minimalista, basada en la coexistencia tanto como en la contención, que a partir de una adecuada valoración estratégica garantice la mejor satisfacción de los diversos intereses de Colombia y de los colombianos (no sólo en el campo de la seguridad), mientras se reduce al mismo tiempo la exposición internacional del país y de sus asuntos internos por cuenta de la crónica tensión con Venezuela.

¿Diplomacia meliflua y babosa? Para nada. Tampoco reconciliación definitiva. Ninguna ingenuidad, ninguna renuncia o apaciguamiento, sino un oportuno y acertado ejercicio de realismo: el que necesita el país para recuperar su espacio en el entorno regional, proyectar sus objetivos, y capitalizar las oportunidades que ofrece el complejo (pero promisorio) escenario internacional del siglo XXI. +++

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